domingo, 19 de marzo de 2023

Grandes escritores. Cómo cuentan sus vidas

He leído Grandes escritores. Cómo cuentan sus vidas de Virginia Haurie, de reciente horneada editorial y esperado tiempo de elaboración, con muchísima investigación.

Comenzar con él es entrar en el mundo Haurie, que es el de sus escritores, sus musas y sus demonios y haciendo lo que más la apasiona, su escritura sobre ellos mismos y cómo lo hicieron.

Nos dice el porqué de la selección de quienes llama “sus autores” y esto da cuenta de una primera gran elección, por gusto, por seducción, análisis, estética, curiosidad, partiendo de una gran investigación para sustentar sus dichos. Rescata la presencia de la autobiografía en la literatura contemporánea con entidad propia, y dice de ella “ya libre de toda sospecha”. Nos cuenta de la autoficción como el modo en que escritores como Vargas Llosa en La tía Julia y el escribidor o David Vann en Sukkwan Island cuentan su propia vida. Y ahí se arriesga porque cuando se nombra a alguien ya se toma partido en algún modo por él. Aclara luego sus distancias y cómo fue su contacto con tal o cual autor en el tiempo, su evolución con él y cómo se puede rescatar a un gran creador de la tentación de transformarlo en un ídolo. En especial con Vargas Llosa.

Separa el tiempo lineal en el cual los autores trataban de decir su verdad sin siquiera acercarse a la ficción de los más actuales que recurren a herramientas de la novela y a todo tipo de narradores. Es una gran demostradora de todos los tipos de narradores y de todas las formas en que se pueden contar las mejores autobiografías porque las buscó, las buceó y dedica su tiempo a ellas. Le apasionan las pinceladas con que un autor decide pintarse a sí mismo y las exhibe con gran habilidad en una verdadera obra de arte. Sin dudas es una indagadora serial que aporta siempre, como autora, su propio universo, vasto, bello, concreto y también poético.

En la lectura, cuando llegué a Gertrud Stein tuve la sensación de recorrer, a medianoche, esa calle con adoquines de Paris que muestra la película de Woody Allen, para entrar en su casa y discutir con Scott Fitzgerald, Hemingway, Picasso y Virginia, tomando una copa, acercándole a la dueña de casa un trabajo para que lo destroce o lo absuelva. Más allá de ellos, siempre cuento con la sinceridad brutal de la Haurie. Gracias por eso.


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