Reflexiones sobre la voz y la
memoria
La
práctica del audiolibro ha ganado una popularidad imparable. Se estima que su
mercado crecerá un 26.4% anual en la próxima década, frente al modesto 1.9% del
libro impreso. Son los jóvenes (18 a 29 años) quienes lideran esta tendencia,
integrando la literatura mientras corren, conducen o realizan tareas
domésticas. Es, ante todo, una forma de optimizar el tiempo.
Sin
embargo, persiste una duda en el aire: ¿es la misma experiencia?
Hace
poco, en mi taller de escritura, alguien comentó que no podía decir que había
"leído" ciertos libros porque solo los había escuchado. Me quedé
pensando. Yo misma, al repasar mis lecturas del año, tardé en registrar los
audiolibros que había escuhado. Como si la falta del soporte físico les restara
peso en nuestra memoria.
La
importancia de la escucha
Es cierto
que la lectura en papel fomenta una concentración profunda, pero no debemos
olvidar que la narración oral es nuestra raíz más antigua. Antes de la
imprenta, las historias se transmitían de generación en generación a través de
la voz.
En mi
libro "Consignas, ejercicios y lecturas para escribir
autobiografía", explico que aprender a escuchar es una herramienta
fundamental, no solo para el lector, sino para el escritor:
"Para
aprender a evaluar el relato de un compañero, comenzamos por identificar
nuestras emociones al escuchar el texto... Lo más importante es lograr una
escucha sin filtros (Goethe escribió que le llevó toda la vida
conseguirlo)".
Si
escuchar historias es la base de nuestra formación emocional y crítica en un
taller, ¿por qué habría de ser "menos" al consumir un libro?
Un
estudio de 2016 sugiere que no hay diferencias significativas en la comprensión
entre leer y escuchar, pero sí en la forma en que el cerebro procesa la
información. El audiolibro puede ser una experiencia vívida y coral. Un gran
ejemplo es El único avión en el cielo de Garrett Graff, donde un elenco
de 45 voces recrea el 11-S a través de testimonios y transcripciones, logrando
una inmersión que el papel, a veces, procesa de forma más distante.
Como
menciono en "El escritor autobiográfico", la búsqueda de la
verdad y la esencia de una historia a veces requiere utilizar todos los
sentidos:
"La
mejor descripción es la que resulta de una mirada personal interesante, la que
condensa y distingue lo esencial, la que descubre lo inesperado, algo que
estaba ahí pero que no éramos capaces de ver".
A veces,
"escuchar" nos permite "ver" ese matiz inesperado en la voz
del narrador que se nos escapa en la lectura silenciosa.
Hoy, los
audiolibros y los podcasts están reviviendo esa antigua tradición de contar
historias. No es "menos", es simplemente volver a casa, a nuestras
raíces orales. Al final del día, lo que importa no es solo cómo el texto entra
en nosotros —si por los ojos o por los oídos— sino qué rastro deja en nuestra
propia historia.
