sábado, 7 de marzo de 2026

 

Reflexiones sobre la voz y la memoria

La práctica del audiolibro ha ganado una popularidad imparable. Se estima que su mercado crecerá un 26.4% anual en la próxima década, frente al modesto 1.9% del libro impreso. Son los jóvenes (18 a 29 años) quienes lideran esta tendencia, integrando la literatura mientras corren, conducen o realizan tareas domésticas. Es, ante todo, una forma de optimizar el tiempo.

Sin embargo, persiste una duda en el aire: ¿es la misma experiencia?

Hace poco, en mi taller de escritura, alguien comentó que no podía decir que había "leído" ciertos libros porque solo los había escuchado. Me quedé pensando. Yo misma, al repasar mis lecturas del año, tardé en registrar los audiolibros que había escuhado. Como si la falta del soporte físico les restara peso en nuestra memoria.

La importancia de la escucha

Es cierto que la lectura en papel fomenta una concentración profunda, pero no debemos olvidar que la narración oral es nuestra raíz más antigua. Antes de la imprenta, las historias se transmitían de generación en generación a través de la voz.

En mi libro "Consignas, ejercicios y lecturas para escribir autobiografía", explico que aprender a escuchar es una herramienta fundamental, no solo para el lector, sino para el escritor:

"Para aprender a evaluar el relato de un compañero, comenzamos por identificar nuestras emociones al escuchar el texto... Lo más importante es lograr una escucha sin filtros (Goethe escribió que le llevó toda la vida conseguirlo)".

Si escuchar historias es la base de nuestra formación emocional y crítica en un taller, ¿por qué habría de ser "menos" al consumir un libro?

Un estudio de 2016 sugiere que no hay diferencias significativas en la comprensión entre leer y escuchar, pero sí en la forma en que el cerebro procesa la información. El audiolibro puede ser una experiencia vívida y coral. Un gran ejemplo es El único avión en el cielo de Garrett Graff, donde un elenco de 45 voces recrea el 11-S a través de testimonios y transcripciones, logrando una inmersión que el papel, a veces, procesa de forma más distante.

Como menciono en "El escritor autobiográfico", la búsqueda de la verdad y la esencia de una historia a veces requiere utilizar todos los sentidos:

"La mejor descripción es la que resulta de una mirada personal interesante, la que condensa y distingue lo esencial, la que descubre lo inesperado, algo que estaba ahí pero que no éramos capaces de ver".

A veces, "escuchar" nos permite "ver" ese matiz inesperado en la voz del narrador que se nos escapa en la lectura silenciosa.

Hoy, los audiolibros y los podcasts están reviviendo esa antigua tradición de contar historias. No es "menos", es simplemente volver a casa, a nuestras raíces orales. Al final del día, lo que importa no es solo cómo el texto entra en nosotros —si por los ojos o por los oídos— sino qué rastro deja en nuestra propia historia.

En esto estoy

Consignas y lecturas para escribir autobiografia

  Próximo a publicarse. Los recuerdos que tenemos de lo vivido son como piezas desordenadas de un rompecabezas con la particularidad que n...